Debido al poco tiempo que había tenido no había podido publicarles esta patrte de la historia pero ya esta aquí, sigamos leyendo entonces.
Estuvimos poco más de 1 hora hablando e interrogándonos mutuamente, pero a mí me parecieron años más que minutos, al salir de aquel lugar mi amiga me esperaba con toneladas de preguntas pero al ver mi semblante solo se redujo a 1 par de preguntas.
¿Qué te pasa? ¿Estás bien?
Mi estado de ánimo había descendido hasta el suelo, en mi mano llevaba aquella veladora de la que había hecho mención con anterioridad. Cuando salí del shock escuchamos nuevamente la voz de aquella persona diciendo: que tengan mucha suerte ambos en sus vidas, al final siempre hay una luz q nos alumbra en las tinieblas.
¿Porque lo dice en tono de despedida doña Flor? pregunto mi amiga.
Y fue hasta ese momento que supe el nombre de esa persona.
-El arlequín sabe porque- contestó -Hasta siempre.
Cuando escuche sus últimas palabras me arrepentí de haber acompañado a Julia a ese lugar, voltee casi de inmediato pero doña Flor ya iba de entrada, hice un gesto de impotencia y manoteé al aire: ¡puta madre! exclamé con coraje ante la vista incrédula de Julia que no sabía lo que pasaba.
¿Qué te pasa? Contéstame ¿Qué tienes? ¿Por qué te pones así? ¿Qué te dijo?
La mire fijamente después de calmarme un poco y le dije, doña Flor salió a despedirse.
¿A dónde va? ¿Se va de viaje? preguntó muy intrigada.
No, nada de eso. Le dije.
Sólo espero que regrese pronto, necesito seguir consultándola.
Doña Flor ya no volverá, al lugar a donde va no tiene regreso.
¿Por qué? Nuevamente volvió a preguntar.
¿Recuerdas un poco de lo que dijo del arlequín que visitó a su abuela?
Si. Me respondió – después de que el arlequín se fue, a los pocos días su abuela falleció.
¡Que! ¿Pero por qué? exclamó
No lo sé, le dije. Comenzamos a caminar y poco a poco la luz de la casa de doña Flor se volvía más tenue, voltee a ver por última vez su casa y dije en mis adentros, la abuela y ahora doña Flor, ya estaba marcado en su destino...
Continuará.